Historias extraordinarias PDF Imprimir Correo

Los ejemplos expuestos en “Historias extraordinarias” son representativos para muchos jóvenes “exitosos” de la Comunidad Infanto-Juvenil Tres Soles y también de la Residencia Estudiantil Luis Espinal. No solamente bajo ese rubro, sino también en el rubro “Las personas del proyecto” se puede, si uno lee detenidamente, entrever los  éxitos que se constatan en algunas frases y expresiones de los niños, niñas y jóvenes, cuyo reto más grande es adaptarse a una vida diaria estructurada y dejar atrás su pasado:


- Mi dicho favorito: En la boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso
- Mi lado negativo: No hago mis cosas puntuales.
- En 10 años quiero ser profesional
- Me gusta leer Paulo Coelho, García Márquez, Albert Camus y otros y hacer música con la guitarra  (música clásica).

1. Limbert

Mi nombre es Limbert Aramayo Villca nací el 1º de enero de 1982 en la provincia Andrés Ibáñez de la ciudad de Santa Cruz.
Mi papá es Esteban Aramayo tiene unos 50 años, mi mamá que ya falleció se llamaba Fortunata Villca. De igual manera mi hermana Ana falleció a sus 24 años aproximadamente.
Mi otro hermano es Juan de unos 27 años, él es electricista, luego está mi hermano José que tiene unos 25 años.
En 1992 tuve un accidente por el cual perdí ambos brazos, a mis diez años más o menos, en aquel entonces trabajaba en una fábrica de ladrillos. Viví en Santa Cruz hasta los 24 años. Luego me vine a Cochabamba e ingresé a la Residencia Estudiantil “Luis Espinal”.
Actualmente concluí la Carrera de Administración de Empresas en la Universidad Mayor de San Simón. Realicé también el Diplomado  en “Gestión de recursos humanos”.
Participo en las reuniones de la nueva  organización del Municipio de Colcapirhua que se dedica a la cooperación a personas con discapacidad.
Me gusta jugar fútbol, participo de un equipo de fulbito del barrio Sumumpaya que se denomina Libertad, jugamos por lo general martes, jueves, viernes. Me gusta escuchar música, jugar en la computadora y compartir con los compañeros.

Limbert Aramayo Villca se desempeña  como ayudante administrativo de Tres Soles desde el 01.01.2013 

2. Freddy

Freddy había  nacido en El Alto y su familia fue abandonada por el padre, una historia común y corriente, que a menudo pasa en este medio. Su madre era una comerciante, pero apenas podía alimentar a sus hijos. Freddy y su hermano mayor Federico trabajaban en el cementerio general como aguateros antes de que ingresaran a la Comunidad. Ambos eran inteligentes y no tenían dificultades en la escuela. Freddy fue uno de los fundadores del grupo de teatro Ojo Morado, tomaba muy en serio este trabajo y desde temprano soñaba con ser un actor profesional, también le gustaba la música. Tocaba muy bien la guitarra y escribió las canciones y la música para nuestras obras de teatro. Por otro lado, era muy sensible y difícil de tratar. Los otros siempre lo miraban con algo de desconfianza, porque lo consideraban un corcho, uno que se esforzaba en la casa y en el colegio. Freddy tenía historias amorosas bastante infelices que a veces lo hundían en la depresión durante varias semanas. Una vez vino al ensayo cojeando y con el brazo vendado. Sabíamos que hoy no podíamos contar con Freddy y tampoco con sus ideas. Pero también sabíamos que, pese a sus lesiones, al día siguiente estaría puntual y suficientemente motivado en el escenario. Era uno de los pilares de nuestro trabajo teatral y sólo sobre su cadáver hubiera fallado una sola presentación.  En todas las obras que hicimos, Freddy siempre interpretó los roles principales hasta que, después del éxito con el “Principito”, fue invitado como alumno al Teatro de los Andes, una agrupación profesional independiente. El Teatro de los Andes fue fundado por el director argentino César Brie al inicio de los años noventa. Querío fundar un grupo propio y formar a actores jóvenes. Así se quedó en Yotala, cerca de Sucre, y rápidamente se convirtió un hito para el teatro boliviano y sudamericano. Hace un tiempo atrás hubiera sido difícil para Freddy imaginarse que un día sería parte de un proyecto teatral tan importante para viajar por medio mundo y presentar sus obras.

 

3. Joaquín

También a Joaquín hay que considerarlo un “éxito”. Cuando llegó a la Comunidad,  estaba tan mugroso y tenía los cabellos tan sucios y enredados, que todos le decían Osito. Le preguntamos:
“¿No te quieres duchar?”
“No, no quiero.”
“¿O por lo menos lavar tu ropa?”
“No.”
“Pero mañana comienza la escuela…”
“No quiero ir a la escuela.”
“Joaquín, sabes muy bien que debes ir a la escuela.”
“¡No molestes!”
No sólo no quería ir a la escuela, no quería hacer nada. Inhalaba pegamento de zapatos, hacía bromas pesadas y se escapó varias veces. Así siguió hasta que aprendió a dibujar y pintar en nuestro taller de tarjetas. Bajo la paciente supervisión de Alfredo, un educador que lamentablemente no se quedó mucho tiempo con nosotros, aprendió a pintar diseños pequeños para tarjetas postales. Más o menos al mismo tiempo comenzó a trabajar con nosotros Oscar, quien era árbitro de la FIFA y entrenador de fútbol.
Milagrosamente, la vida de Joaquín comenzó a cambiar. Se bañaba, se peinaba, se ponía ropa limpia, ya no se escapaba y se iba puntualmente a la escuela; y no sólo eso, se volvió el mejor pintor, el mejor futbolista y hasta el mejor alumno de la Comunidad. Con su aporte – aunque no con su liderazgo, pues para eso era demasiado individualista – el equipo de fútbol de la Comunidad ganó innumerables torneos juveniles locales. Y con su ejemplo motivó a muchos chicos y chicas hacia la pintura. Así se crearon muchas hermosas tarjetas que aportaron económicamente al sustento de la Comunidad y en el transcurso de los años se pintaron las paredes de los cuartos y de las salas comunes con paisajes, flores, animales y seres humanos.
Joaquín, hoy en día, es profesor de educación física y un distinguido pintor que gana sus buenos pesos con el arte.

 

4. Carolina

Carolina había perdido muy temprano a su madre y su padre directamente nunca se había ocupado de ella y de sus hermanas.
Habían pasado varios años desde que concluyó sus estudios en un instituto de peinados y cosmetología. Un día Guisela, mi esposa,  y María, una de las educadoras, visitaron Carolina  en su pequeño departamento en El Alto. Carolina estaba casada y tenía tres hijos. En el living había además una vitrina con vajilla y un televisor pequeño. A través de la puerta se podían ver varias camas con cubrecamas coloridos y limpios.
“El mayor ya está en la escuela”, dijo Carolina orgullosa. Tenía toda la razón de estar orgullosa, porque no vivía nada mal, en comparación con millones de otros bolivianos y bolivianas.
“¿En qué trabaja tu esposo?” preguntó Guisela.
“Mi esposo es músico en la banda municipal”, contestó Carolina añadiendo: “Es buen hombre, sólo de vez en cuando toma los viernes cuando sus amigos lo invitan. Pero no es violento, cuando llega a casa.”
“Es una suerte, generalmente es diferente”, dijo María.
“Sí, hasta hoy se me paran los pelos cuando pienso en mi padre, llegando borracho a casa pateando las puertas,  golpeando y destrozando todo.”
“¿Acaso esto pasaba a menudo?”
“Por lo menos tres o cuatro veces por semana. Cuando salía en la noche, sabíamos que iba a volver borracho y nos escondíamos debajo del catre. Antes nuestra madre nos ha protegido, pero un día la golpeó de tal manera que falleció.”
“Nunca nos has contado nada sobre estas cosas”, dijo Guisela.
“No, no podía, porque me daba tanta vergüenza mi padre.”
“¿Y por eso tú también tomabas y volvías cada vez borracha a la Comunidad?”
“Sí, era muy difícil superarlo todo”, contestó Carolina.
En este momento se escuchó el timbre que sonaba desde su salón en la planta baja.
“Un cliente”, dijo Carolina. “Espérenme  un momento!”
Cuando Carolina desapareció, María preguntó a Guisela si se acordaba la vez que Carolina  había venido completamente borracha y se había revolcado gritando en el barro frente a la casa.
“Claro, ¿quién podría olvidarlo?”, respondió Guisela. “Creo que se había peleado con uno de sus clientes que no quería pagarle.”
“Imagínate..., chicas de trece o catorce años prostituyéndose, es difícil creerlo.”
“Y es más difícil de creer, que Carolina haya logrado salir de ese pantano. Para eso se necesita una voluntad, que muy pocos tienen.”
Carolina volvío, contando el dinero que había cobrado y dijo orgullosa:“Soy independiente del sueldo de mi marido. Me da algo de su sueldo, no puedo decir que no, pero no es mucho.”
“Pienso que es muy positivo como lo arreglas todo, Carolina”, contestó Guisela. “Como me habría alegrado si todos hubieran aprovechado su oportunidad como tú...”
“Sí, a mi también me duele ver a mis antiguas amigas en las calles.”

 

5. Bruno

Bruno llegó a Tres Soles en el año 1994 junto con su hermano Edmundo. Los dos eran los más pequeños de seis hermanos y hermanas que un año después del nacimiento de Bruno perdieron a su madre. “Tuvimos que arreglarnos con la madrastra”, nos relató Edmundo. “El padre nos pegó todo el tiempo y ató a mi hermanito menor al catre durante varios días cuando no se portaba bien.”
Bruno tenía ocho años cuando intervino el servicio social estatal, pero parecía tener cinco o seis años y tenía la barriga típica de los desnutridos. Bruno no había ido nunca al kínder ni menos a la escuela. Desde el principio me llamó la atención que tenía una imaginación muy visual en desmedro de las cosas abstractas. Durante muchos años pudo realizar operaciones matemáticas sólo con la ayuda de piedritas o granos de maíz. Su hermano Edmundo no tuvo problemas al respecto, pero pronto se le manifestó otro problema: el alcoholismo. Este problema seguramente era la secuela de su precoz  consumo de inhalantes como gasolina o “clefa” que él se organizaba en la calle cuando escapaba de su violento padre, lo que ocurría  a menudo. De esta adicción al alcohol, Edmundo nunca pudo liberarse, aun cuando ya fue adulto.
Bruno y Edmundo participaban desde el inicio en nuestro grupo de teatro “Ojo Morado”. Mientras Bruno era muy disciplinado, no se podía contar mucho con Edmundo y después de algún tiempo dejó de participar. Hoy en día trabaja como pintor de paredes. Bruno a su lado, mientras que vivió en Tres Soles - ¡y fueron 17 buenos años! – no faltó ni a una de las obras de teatro que “Ojo Morado” producía en aquellos años.  En “El país de la fantasía”, en la primera obra en la cual participó, interpretó uno de los seres de fantasía que llevan a un chico lustrabotas de su miserable vida gris de la ciudad a un colorido país de fantasía. Imborrables me quedan los roles que interpretó a sus nueve y once años en “El principito” y en “La cruzada de los niños”. En el teatro municipal de La Paz se defendió como gallina con huevos contra un zorro y de la misma manera procedió con el honorable público, en representación de toda la sociedad. En la “Cruzada de los niños” de Brecht interpretó un pequeño payaso que libera los demás niños de sus padres, los mismos que están enfrascados en una guerra implacable todos contra todos.
Gracias al éxito que tuvimos especialmente con “El principito” y “La cruzada de los niños”, Bruno tuvo el privilegio de conocer a toda Bolivia, los países vecinos Chile y Argentina y al final hasta Alemania y Suiza.
No sé si es verdad si la elección de los roles corresponde a las características personales de los actores o las actrices. En todo caso pronto Bruno comenzaba a elegir roles más bien autoritarios y agresivos, pese a su corta edad. En “La maldición o el fin del imperio de los incas” interpretó a un guerrero incaico y en “El señor de las moscas en Bolivia” a Jack, a ese chico que llevó a todo un grupo de niños a masacrarse entre ellos. Bruno se encontraba en el difícil proceso de ruptura del cordón umbilical que todos los adolescentes lo viven con mayor o menor intensidad. En vista de que en su caso no existían sus progenitores, sus ataques se dirigían hacia nosotros siendo sus padres sustitutos. El colegio lo terminó con dificultades, pero necesitaba el bachillerato para poder entrar a la escuela superior de teatro que tanto anhelaba y que recién se había abierto en Santa Cruz. Hoy en día, Bruno trabaja como actor independiente y profesor de teatro, cambiando su domicilio entre Cochabamba y Santa Cruz.


6. Hugo

Un día antes del cumpleaños 28 de Tres Soles tuvimos una sorpresa muy agradable. La primera vez desde hace 10 años nos visitó Hugo, uno de los miembros fundadores de la Comunidad. Hugo tenía, como todos los niños que recibimos, una niñez muy difícil. Había vivido con su madre en El Alto. Tenía problemas con su padrastro, así que se escapó varias veces de su casa. Se juntó a un grupo de niños callejeros y aprendió de ellos todo lo necesario para sobrevivir en la calle. Finalmente llegó donde nosotros. A través de su madre y la oficina de protección de menores pudimos ubicar una tía suya en Tarija. Después de una larga conversación, Hugo estaba dispuesto a vivir con su tía. Grande fue nuestra sorpresa, cuando pocas semanas después Hugo otra vez apareció en la Comunidad.
“Mi tía me manda con esta carta”, dijo cacareando. A causa de su voz especial y su cuello largo, encima del cual movía su cabeza inquieto de un lado al otro, todos le decían ‘gallina’. Todo y todos en Bolivia tienen un sobrenombre. En la carta decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Sería bueno que ustedes se esfuercen un poco más en la educación de los niños y jóvenes a su cargo: En primer lugar, Hugo no tiene la menor idea de higiene y no pude ni lograr que se duche regularmente. Cuando le pregunté, si en el hogar donde estaba nadie le obligaba o por lo menos le controlaba, dijo que se duchaba de vez en cuando, pero que nadie le obligaba. En segundo lugar, el chico es muy desordenado. Alza todo sin preguntar y deja todo tirado donde le plazca, también sus propias cosas: ropa, casetes, cuadernos, etc. En tercer lugar no hace caso… En mi opinión, Hugo siempre tendrá problemas si no se toman medidas drásticas, urgentes y a cualquier precio… Debo admitir que Hugo me ha decepcionado profundamente. Tiene un concepto completamente equivocado de lo que significa ‘libertad’. Intenté explicárselo desde el inicio, pero él no quiso comprender y al final se volvió insoportable. Ha destruido todas las esperanzas que tenía para su futuro y no me ve en condiciones de seguir haciéndome cargo de él.”
Mucho tiempo parecía que la tía  iba a tener razón. El comportamiento de Hugo no mejoró, todo lo contrario. Obviamente no podíamos ayudarle – hasta que un buen día se juntó a una iglesia evangélica. Su vida cambió por completo. Más tarde estudió teología y medicina. Actualmente hace su especialización en la capital argentina Buenos Aires, como relata.
Yo no cuento todo esto para demostrar que buen trabajo hacemos, pues Hugo nos abandonó tempranamente y entró temporalmente a otro proyecto. Además, siempre solía repetir: “Todo lo que ustedes no lograron de mí, Dios lo hizo.”
Más bien cuento esto para demostrar que aún en los casos más difíciles no se debe perder la esperanza. Es un homenaje a todas las personas que lograron hacer algo de su vida, pese a su niñez perdida y mediante un esfuerzo casi sobrenatural. Frente a personas de este tipo uno sólo puede inclinarse y sacarse el sombrero.

Stefan Gurtner, febrero 2017

 

7. Celso

Celso nació en el año 1986 en una zona periférica de la ciudad de La Paz. Se padre nunca se ocupó de él, cómo lamentablemente muchas veces ocurre en nuestro medio. La madre de Celso falleció cuando él tenía siete años. Su padre ni siquiera asistió al entierro. A partir de este momento, Celso vivía con un tío y una tía, donde tenía que limpiar y cocinar. Cuando su tío comenzó a maltratarlo, se escapó. En la calle fue encontrado por la policía y llevado a un hogar. Sin embargo, no pudo acostumbrarse, se escapó y vivió en la calle de nuevo. Esta vez le alcanzó toda la dureza de la vida de la calle. Cansado y enfermo volvió donde sus tíos – y los problemas comenzaron de nuevo, porque definitivamente ya no estaba acostumbrado a una vida casera y ordenada.
“Decidí vivir en la calle otra vez”, relató cuando llegó donde nosotros. “Caí tan bajo que no creía ya en un futuro para mí – hasta que una trabajadora social de Gestión Social me llevó a Tres Soles.”
El primer tiempo en Tres Soles no le fue nada fácil. Tenía 12 años y prácticamente nunca había ido al colegio. Estaba subnutrido. Sus dientes estaban en un estado lamentable y tuvieron que ser sacados. Era tan miope que necesitó unas gafas con lentes muy gruesos. Tenía serios problemas para aceptar las reglas de la casa. Nuestro profesor de música lo motivó a participar en el grupo musical del proyecto. El primer instrumento que aprendió a tocar fue la zampoña. Antes de decidir quedarse definitivamente, todavía se escapó tres veces más.
“Al final comprendió que no estaba bienvenido ni donde sus tíos ni donde su padre”, menciona el informe que nuestra trabajadora social debe escribir sobre cada integrante del proyecto. “A Celso le entristece mucho de haber perdido a su madre a tan temprana edad y no tener una familia.”
Tres Soles se convirtió forzosamente en su familia. Empezó a participar en el grupo de teatro y a colaborar en el taller de costura, pero lo que más le interesó siempre fue la música. A lado de la zampoña aprendió a tocar guitarra y hasta visitaba una escuela de música para aprender a tocar el piano. Pese a todas las lagunas que tenía al inicio, logró ser un buen alumno y terminar el bachillerato.
“Me gustaría mucho estudiar música”, explicó a nuestro psicólogo Lucio, cuando tuvo que elegir su formación profesional. “Aun si no me creen, la música me dio estabilidad, cuando se me cayó el mundo. De repente tenía metas a cumplir, quería aprenderá a tocar zampoña, después guitarra, después piano… por eso cada vez volvía.
“Entonces no fue por nosotros”, concluyó Lucio, pero lógicamente lo entendió. En el fondo es esta la idea básica de la educación a través del arte: el descubrir talentos propios y realizar sus propios propósitos. Tener una meta es la mejor prevención contra comportamientos autodestructivos, aun si no se puede cumplir con la meta hasta el final.
Celso abandonó su formación musical después de tres años, porque se volvía muy difícil para él, especialmente en la parte teórica. Claro, estaba desilusionado – nosotros también – pero por lo menos ya no recayó a sus moldes antiguos y logró salir del ambiente de dónde provenía. Fue como migrante a Argentina, donde trabajó varios años en un taller de costura. Costurar, cómo no, también había aprendido en Tres Soles.
A veces se nos critica, también desde el lado boliviano, que gastamos demasiado tiempo y dinero en cada joven, pero según nuestra opinión ninguna vida puede tener precio si se trata de salir de una vida truncada y desembocar en una vida ordenada y productiva.

© Stefan Gurtner, junio 2017