25 años de Tres Soles Imprimir

Las pequeñas buenas acciones son los más grandes actos de la humanidad (Man Césped, poeta boliviano)

Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño, como el sudor humilde del sembrador (Luis Espinal, sacerdote católico, asesinado por la dictadura militar)

El 1 de febrero 2014 hemos festejado  el 25 aniversario de la fundación de Tres Soles. En la mañana del mismo día pregunté a Beatriz - que era miembro del comité organizador y que pasó en este momento apresuradamente con un ramo de flores -, cómo le había ido con los trabajos de preparación. “¡Ay, si supieras, un verdadero desastre! ¡Todos son unos ineptos, nada ha funcionado!” respondió Beatriz. Como tiene 18 años y es la mayor de la comunidad, tuvo que asumir más responsabilidad que los demás. “Nadie cumple lo que promete, ya no se puede soportar!”“Recién hace un corto tiempo has empezado a asumir cierta responsabilidad. Ahora sabes lo que significa soportar desde hace 25 años”, respondí y le di una amigable palmada sobre el hombro. Lamentablemente no tuvimos suficiente tiempo como para profundizar el tema, porque en este momento llegó el Padre jesuita Enrique Zabala, amigo nuestro, para celebrar una pequeña misa de agradecimiento. Todos los niños, adolescentes y educadores estaban reunidos en un semi círculo alrededor de una mesa adornada con flores. Detrás estaba colgado un telón negro con las letras: “25 aniversario de Tres Soles.” El padre leyó de la carta a los Corintios del Apóstol Pablo:

Tener amor es saber soportar;
es ser bondadoso,
es no tener envidia,
ni ser presumido, ni orgulloso,
ni grosero, ni egoísta;
es no enojarse
ni guardar rencor;
Es no alegrarse de las injusticias,
sino de la verdad.
tener amor es sufrirlo todo,
creerlo todo,
esperarlo todo,
soportarlo todo.

Le guiñé alegremente a Beatriz, esta me hizo una mueca desconcertada. Juro que no había hablado antes con el Padre respecto al texto que iba leer. Después de la misa habían algunos juegos y un torneo de fulbito, después un sabroso almuerzo en el patio como siempre celebramos en el aniversario de Tres Soles. Subí al segundo piso para llamar a mi amada esposa Guisela que estaba en el taller de costura. A lado de la puerta vi escrito en un nuevo mural, exactamente el mismo texto de la biblia. El día anterior había visto a Guisela y algunos jóvenes pintar el mural, pero no lo había visto terminado. “¿Tú sabías que el Padre iba a leer ese texto?” pregunté, pues no podía creerlo. Guisela movió sólo la cabeza en señal de negativa y sonrió.


Stefan Gurtner, febrero de 2014